Paranoia V
Llorando, respondí a su comentario:
—yo ya lo presentía esto mi amor.
Pues antes de salir, tuve temor,
y así empecé mi viaje, temerario.
Crucé todas las calles, solitario,
en donde presenciaba lo peor.
Los perros aullaban el terror
y yo, como si nada, llegué al barrio.
Mirándome a los ojos, consternada,
llamó por el teléfono al penal,
con llanto entre su cara, preocupada.
Detrás de aquella línea un oficial,
acude de inmediato a la llamada
y dice: —¿quién nos llama? ¿Sí, qué tal?
Samuel Dixon