En el murmullo de la luciérnaga se desliza la lluvia,
cada gota es un secreto que titila en la penumbra,
cada luz un eco de nubes antiguas.
Las calles se curvan como espejos líquidos,
y yo camino entre reflejos que engendran el mapa de otros mundos,
mientras los cristales de lluvia dibujan constelaciones
en la piel húmeda de una ciudad silenciosa.
Aquí, en el silencio luminoso de la luciérnaga,
todo se mezcla.
Y en cada parpadeo, el universo revela
un poema que nadie escribió.