En perfecta y hermosa comunión me entrego
amar hasta el más profundo y bendecido acto;
romper el lóbrego monumento y sus pliegues
donde mi corazón en memoria dio el pacto.
Dormir bajo el misterio de su cabellera
para la sombra de un infinito perfecto,
posada sobre el piélago de la ribera
que conecta a la luna con el firmamento.
Entre mis anhelos de flores prodigiosas
conjugados en argos de finos garzules;
veo como despiertan de los altos cielos
el brillo celestial de sus ojos azules.
Y fue cuando corriendo hacia mí, de repente
contemplando con vehemencia sus encantos,
yo pude abrazarla y tenerla frente a frente
mientras disfrutaba del sabor de sus labios.
Sonriente y curiosa me tocó la mejilla
yo encontraba en su risa cierto nerviosismo
y le pregunté: —¿qué sucede amada mía?—
Me respondió: —disfruto el momento contigo—.