PECH

Dos enamorados

En perfecta comunión me entrego

amar hasta el más profundo acto

de romper los pliegues de ese lóbrego

monumento, que en mi corazón hizo pacto.

 

Dormir bajo el misterio de su cabellera

en la sombra de un infinito perfecto,

posada sobre el piélago de la ribera

que conecta la luna al firmamento.

 

Entre mis anhelos de flores prodigiosas

conjugados en argos de finos garzules;

van despertando de los altos cielos

el brillo celestial de sus ojos azules.

 

Fue cuando corriendo hacia mí, de repente

contemplando con vehemencia sus encantos,

pude abrazarla y tenerla frente a frente

y disfrutar el sabor de sus labios.

 

Sonriente y curiosa me tocó la mejilla

y encontré en su risa cierto nerviosismo.

Le pregunté: —¿qué sucede amada mía?—

Me respondió: —disfruto el momento contigo.—