Barrendero
Soy el barrendero.
Voy por el mundo
barriendo lo ajeno.
Solo sirvo para eso.
Cuando llego a casa,
me pregunto:
¿para esto es lo que estoy hecho?
¿Acaso no tengo sentimientos?
—Barrendero, no.
No sirves para nada más que eso.
Acéptalo.
O muere sin saberlo.
Estás obligado a hacerlo,
porque, después de todo...
¿no eres tú el barrendero?
El poeta nació siendo poeta.
El cerdo, como un cerdo.
Y tú...
solo eres un barrendero.