Hoy no quiero rimar con flores.
Ni fingir que lo bello salva.
Solo recordar que
la poesía nació en un funeral
y aún recuerda que no ha muerto.
¿Es esto un poema?
No lo sé.
Dímelo despacio.
Te lo escribiré en el alma,
a ver si sangra bonito.
Que no te engañe el pincel.
Tampoco la caligrafía:
las cicatrices, a veces, arden bien.
Igual que las coplas.
Igual que las rimas.
Si quieres que huela a luz,
que huela bien...
No mires al cuervo negro.
Tampoco a esa sombra elegante.
Pero si quieres que sepa a rosas…
marchitas,
pasa.
Mírame.
Adelante.
Lo confesaré entre susurros,
al oído, quizás,
con una copa entre los dedos
y el alma medio rota entre los brazos.
Qué gran epopeya has iniciado
al danzar con sombras como yo,
que viven
con el corazón en la mano.