Y tenía que conocerme,
husmear en cada sílaba
de la prudencia.
Acariciar el pudor,
bailar en la espera,
una mañana en Florencia,
una Semana Santa sin Papa,
la primavera lluviosa,
los terremotos en Rusia,
alinear los chakras,
un café de Oaxaca,
la retrogradación de Mercurio
y once granizos
para que los luceros de tu rostro
sanaran mi ánima.