Me dijo que llevaba rastros de azul en su alma,
como si la melancolía fuera un tiempo de mariposas,
y en su corazón, un tímido gorrión volaba.
Me dijo que por las tardes se confundía en lo azul,
y caminaba en su memoria para arroparme en sus recuerdos,
donde la luna la bañaba de azul en las noches.
Me dijo que sus manos eran un solar barrido,
con olor a lluvia reciente y a suave jazmín,
y que llevaba en cada pestaña gotas de cielo.
En sus ojos de oriente, un secreto guardado,
un amor olvidado, un poema nunca leído,
y el aroma exquisito de aquel beso no dado.
Me dijo que llevaba... trocitos de azul,
como si el cielo mismo se hubiera derramado en su ser.
p Sabag