Está el invierno en la esquina,
sin café y sin batería,
con la bufanda torcida
y la mirada perdida.
Pasa el mundo, pasa el clima,
pasa fría la alborada,
y el tiempo, viejo y cansado,
se deshace en la mañana.
Silba el viento y no se queda,
la luna canta en voz baja;
las sombras cruzan la noche
como hojas deshojadas.
Tú te fuiste a tu manera,
sin promesas, sin adiós.
Y yo sigo, muy tranquilo,
fingiendo que no.
Pero el invierno regresa
cuando la tarde se inclina,
y en cada rincón del aire
encuentro tu despedida.