Eros Corzo Camacho

Verso Libre VIII Nieto de mis muertos

Y la bandera, de la mano con el viento en su danza eterna,
en una verbena donde los cerros no tenían
el faldón verde del césped primaveral,
la oración pierde su viaje por corruptos,
entonces el hambre no es atendido
por las monedas de su pueblo.

 

Casas que no eran casas, ya cansadas y heridas,
dejaban espacios.
Y el aire, que no es ajeno a su extensión extrema al mundo,
frío como una venganza femenina,
sin querer o queriendo rompía la piel
y el llanto al alma suscitaba.

 

La gente no tomaban ni el agua de sus lágrimas;
sus niños, ciegos de comida,
de dientes fracturados por la helada.
La enfermedad es parte de la familia
y aumentaba el ejército de futuros muertos
por padres desarmados y desalmados.

 

Perú, al hijo preferido llamado Lima,
las provincias que pariste y abandonaste.
Pero por favor:
nietos de mis nietos imperfectos
y nietos de los nietos de los políticos,
perfectos.