La soledad soberbia de mi corazón,
se alza como torre entre ruinas sin razón,
vigía de un tiempo que ya no se nombra,
yace sobre escombro y penumbra,
pero aún reluce su eco en la alborada sombría,
rumia su rabia en mañana fría,
con cada grieta canta su melancolía altiva,
baja la cabeza en actitud pasiva,
más, bajo su frente germina una fuerza cautiva,
que eleva su furor y su fuerza altiva.