Escribo con afán de aliviar el dolor apabullante de mi alma y mis lágrimas acarician mi áspero rostro; los ojos se me tornan rojos y un mar de lágrimas desborda mis pupilas. Absurdo es intentar ser escuchado y callar; absurdo es esperar la llegada del estío cuando huyo de la tormenta. Cada día el mundo se me cae más encima de mí ya cansado e insignificante cuerpo; torbellinos de pesares arrasan con el verde de mi césped y las rosas de mi jardín se marchitan, cansadas, agotadas de tanto y tan poco. Tonto soy esperando la primavera, esperándote, aquí. Mis manos agotadas están, mi mente aún más, pero mi corazón grita, agonizante, y yo escribo lo que él me dicta...