alicia perez hernandez

Tuve un amor…

Tuve un amor…

Tuve un amor que cuando lo conocí él renunció a su pasado.

Dejó atrás todo lo que había vivido y no volvió mirar atrás.

¡Dijo este es el verdadero amor y yo no lo había vivido!

Miles de noches bebió de mi fuente…

Miles de noches se hundió en mí y cómo un polvorín me encendía,

Me hacía arder en su fuego y me consumía yo cedía complacida.

Era un amor que me hacía gozar en su hombría,

Su fuerza era su arma y me hacía caer en su guerra,

Y era una lucha de todas las noches y me hacía caer desvanecida en sus brazos.

No podía yo era débil a sus caricias y sus besos de fuego que me consumían

Y cómo una vela derretida me fundía en sus brazos.

Había fuego en su mirada y sin palabras me llevaba al cielo.

Yo quería volver a ese cielo que yo no conocía lo conocí porque él me lo mostro, 

él era el cielo era un ángel caído enviado por Dios para mí, 

y ahí vi el destino que llevo a dónde yo debí estar siempre

Hay una vida que te va hacer vivir el amor de verdad.

Hay muchas vidas y no todas las hemos vivido.

Este amor me hizo vivir lo inexplicable y lo increíble que es amar.

Fue vida y fue muerte, fue luz y oscuridad,

Así se hablan dos almas con el roce de la piel y callados se entregan.

él llena mi vida tan fácil  y es solo ¡Amándome!

Cada noche que bebía del me llevaba a tocar el cielo. 

Comulgue con él La vida que no volveré a vivir porque él ya no está.

En varias vidas he amado y me vuelvo a quedar sola.

Como si el destino siempre se empeña en que viva en soledad.

Pero yo me empeño en recordar lo que me ha hecho feliz.

Espero en otra vida volver a encontrar el amor.

Todos vivimos varias vidas cuántas vidas has estado enamorado?

 No te lo diré pero he amado en tantas vidas que algunas son perene. 

 

Alicia Pérez Hernández… México

No es la pluma la que escribe, es el alma

Todos los derechos reservados©

Yo no quiero morirme sin saber de tu boca.
Yo no quiero morirme con el alma perpleja
sabiéndote distinto, perdido en otras playas.

Yo no quiero morirme con este desconsuelo
por el arco infinito de esa cúpula triste
donde habitan tus sueños al sol de mediodía.

Yo no quiero morirme sin haberte entregado
las doradas esferas de mi cuerpo,
la piel que me recubre, el temblor que me invade.

Yo no quiero morirme sin que me hayas amado.