Nadie me mira, ni por error.
Aunque mis pasos crujan
como huesos rotos de extenuación
la gente no me presta:
ni un segundo de atención.
Porque soy uno de tantos
de esos que vagan por el mundo
expiando culpas ajenas,
llorando lo irremediable,
llorando tanto desgarro…
Este enfermo mundo
se me viene a pedazos.
Me niega el derecho a ser:
solo un simple ser humano
me borra sin ruido, sin sombra
y apenas queda un suspiro,
ahogado en el humo
de la contaminación.
Y es que solo soy una queja hueca
en la deshumanización.