No creía que alguien pueda suavizar,
endulzar la firmeza.
Y es que eres tú quien origina el dilema.
Tú, que me haces caer, así, tan pronto,
prontamente enamorada.
Tú, que has convertido en risa, que has vuelto cotidiano,
A lo que siempre creí que era un problema.
Me enloqueces, hombre,
Con tu actitud de niño,
Y talla de roble.
No suelo reír a la par de alguien,
no con tal pasión,
Pasión que tú despiertas,
Con un solo aliento, sin esfuerzo...
Y eso, me derrite el corazón.