¿Qué música sencilla he de tener
para llenar el alma en mis poemas?
¿Qué ritmos melancólicos? ¿Qué temas?
¿Qué palabras vibrantes? ¿Qué tañer
elocuente? ¿Quizás imitaré
la voz repetitiva de las aves
del alba? ¿O el estruendo de los graves
días de amarga tempestad diré?
Reconozco que faltan a mi verso
la sonora grandeza, la fluidez
de la flauta y el eco del escucha.
Pero busco la fuerza y el diverso
canto en mi corazón. Su desnudez
me hará algún día retomar la lucha.