Deseo al rojo vivo,
latidos que hacen eco,
sentimiento lascivo;
pensándote me obceco.
La noche avergonzada
ya me invita a soñar.
Mi desnudez porfiada
te quiere imaginar...
Y te imagino mío
abrazando mi invierno,
que transmuta en estío
cuando roza tu infierno.
Te siento como siente
una roca a la ola,
que la embiste de frente
y en su seno se inmola.
Con tu cuerpo me invento
tormentas asesinas
que abaten con tu aliento
mis playas cristalinas.
En tu carne me fundo
aspirando tu esencia,
y en éxtasis profundo
tu ausencia... ya es presencia.
Me derramo en tus brazos,
entre lluvia y gemidos,
y estallan en pedazos
mi mente y mis sentidos.
De pronto me golpean
la calma y la verdad,
y sin piedad bromean
sobre mi soledad.
La humedad de mi cama
se transforma en arena,
al sofocar la llama
avivando la pena.
Y cada noche anhelo
aplacar este frío,
con el triste consuelo
de imaginarte mío.