Soñando vi una figura,
una celestial visión.
Surgió de una sombra oscura,
el Dios de nuestra ilusión.
Veía resplandeciente
como extendía su mano
a este humilde penitente
que toma su nombre en vano.
En mis dudas ordinarias,
sin fe y sin gran devoción,
lanzaba al viento plegarias
que buscaban compasión.
Desconsolado lloraba,
no creía en lo divino,
a pesar de que imploraba,
no estaba muy convencido.
Próximo nuestro final,
yendo a buscar un abrigo,
tratas de ser racional
por el temor al castigo.
Classman