Recuerdo de niña que una vez, a mí y a otros niños, nos contaron la historia de la \"Mujer de Lot\". Aquella que por voltear hacia atrás se convirtió en una estatua de sal. Y puedo decir que cuando escuché esa historia no entendí el contexto y me quedé con esa duda.
Ya que, en ocasiones, si haces demasiadas preguntas no caes en gracia. Sobretodo si, a quien preguntas no es capaz o simplemente, no quiere darte la respuesta.
De cualquier modo, el porqué de revivir ese evento en mi memoria, bueno... Supongo que me ha pasado por la cabeza la reflexión de que, quizá yo al igual que aquella mujer me he quedado mirando hacia atrás nostálgica, me he petrificado, me he estancado. Sin siquiera, darme la oportunidad de atreverme a caminar y ver qué hay delante. Durante mucho tiempo me he amoldado a añorar lo que ya no es, como si fuera o como si pudiera volver a ser y la verdad es que, eso es lo que me ha convertido
en mi propia escultura dramática de sal (de mala suerte).
Porque he puesto en primer lugar mi miedo a lo nuevo y a la resolución de que no hay futuro alegre para mí y que, fue mejor lo que viví antes, aunque haya sido un completo desastre, que hoy son ruinas y terrenos infértiles.
Sí, yo misma me he hechizado,
me he maldecido,
me he condenado.
Pues la gente ha seguido su vida sin mí y no se detenido a pensar en cómo me siento, en si existo, y en cambio, he sido yo la que no he querido dar el paso de vivir, pensando que al hacerlo abandono lo único \"lindo\" que me ha pasado.
\"¡Va! ¡Patrañas!\"
Yo... Yo he sido mi propia escultora, la artesana, soy... La que ha creado a la mujer de sal con mis acciones. Y lo peor es que, siendo de sal (la de la mala suerte), ni siquiera doy sabor a nada, porque para eso es la sal, para conservar y que las cosas no se echen a perder y para dar sabor y yo no me sé a nada.
He querido ser tan sólo una estatua insípida y triste.
Diana Janeth Reyes Diaz.
(Diana Reydz) 23/05/22