He arrancado de tajo pedazos del corazón.
Soltando letras por doquier, con justa razón.
Muy pocas palabras me he quedado,
unas, en servilletas, otras, en trozos de papel y, escasas, en libretas viejas.
Es como si fuera una necesidad
parecida a respirar, el escribir
de lo que a sólo me importa a mí.
Y no me importa el qué dirán.
Si el alma habla
no hay que ahogar su voz,
si el corazón se desangra
hay que permitirle hacerlo,
sobre hojas blancas o
a través de las teclas.
(Una forma ya más moderna)
O como sea cuando sea la urgencia.
Una no puede quedarse
con lo que suplica salir.
En la mente y en el mundo.
En el planeta tierra,
no se hospedan las mismas cosas.
Cada mente es única.
No navegan en ellas los mismos pensamientos.
Y, ella, la mente, suele desafiarnos a diario a elegir entre el bien o el mal.
Entre el amor o el odio.
Entre la paz o la guerra.
Entre la luz o la oscuridad.
Sí, la mente.
Puede ser una bestia despiadada
o un ave libre y feliz volando grandes distancias.
(Eso depende de cada persona)
No puede ser excluida
ni del todo enmudecida.
Para ello, existe la poesía.
(Eso creo)
Esa, que llegó a mí sin ser llamada.
Pero que vino en el momento perfecto.
Mas, no es mía...
No me es exclusiva.
Pues, a veces, me deja a la intemperie
del desierto.
No odio al silencio, pero tampoco soy fan.
Hacia tiempo que ella no venía.
Se había ido junto con la esperanza,
que se había hartado de intentar convencerme.
Y hoy las dos han vuelto
y se siente tan bien su visita.
Ojalá se queden por si me siento solita lo suficiente para no volverme loca.
De: Diana Janeth Reyes Diaz.
(Diana Reydz) 15/04/25
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