I
Como si fueras Eva,
la madre del mundo;
hecha de mi costilla
para mis manos.
Siempre estuviste en mí:
antes de ser nosotros,
ya éramos,
ya estábamos.
Tú dormías
en mis sueños.
Cuando abriste los ojos,
yo también desperté a la vida.
II
Levántate, Eva:
come de mí,
bebe de mí;
llévate la mitad del amor
y guárdalo en tu vientre.
Haremos un hijo.
Será nuestra semilla
en la tierra fértil;
será puro como tú,
que eres paz y luz
resplandeciente.
Ámame, Eva;
aquí y ahora
el tiempo no existe.
III
Sentí sed,
bebí de tu boca;
sentí hambre,
comí de tu carne.
Tú, hueso de mis huesos;
eres mi vida y mi muerte.
IV
Regresemos
al aliento de Dios,
como un solo cuerpo
los dos.
Estarás en mi piel
y en mi alma
por los siglos
de los siglos.
Pan y vino,
carne y huesos;
del polvo vinimos,
al polvo volvemos.
—Felicio Flores.