Este mundo y sus almas creó Dios para sí,
para anunciar al cosmos su gran misericordia
y que por sus amados él hace lo que nadie.
Todos se maravillan de sus obras de amor
y hasta la eternidad yo estoy maravillado.
Esta Tierra esperaba por ti, y te diste prisa.
Llegaste en el momento justo para tus santos:
el júbilo y la paz sin fin para el creyente
y el gran extrañamiento sin más para el malvado.
Qué alegría tener el canto del Señor;
mis entrañas se encienden de gozo en la alabanza;
tal es la obra que quiero para la eternidad,
llevar en mi piel este amor de la invariancia.