Qué bueno el día cuando amor nos da
por fin de su brebaje misterioso,
agua gloriosa para el corazón
donde ella adquiere su sabor maduro
como licor que se destina entonces
para el labio sediento de los mundos.
Cada día este amor va acrecentándose
un poco gota a gota,
un poco sorbo a sorbo,
hasta que se transforma en mar que canta
y en glorioso oleaje beso a beso.