A veces lo percibo cerca de mi
como un destello de luz clara,
una imagen apacible y tranquila.
Sentado sobre el brazo del sillón,
las manos apoyadas en los muslos.
Me quedo impactado con su rostro y
sus cabellos blancos como el algodón,
me sonríe con la mirada serena.
Los pequeños corretean alrededor,
sin saber que el abuelo los observa.
Rápida fue la aparición;
se marchó igual que una fugaz estrella.