Los días huyen
y yo me disuelvo
en su memoria.
RC
Los días suceden esquivos,
como alba en huida de la noche.
Desvelado de madrugadas
intento detenerlos.
Sólo poseo
el instante augusto
antes del olvido;
mi tacto invisible,
mi último abrigo.
Las siluetas emergen de las sombras.
No busco sus rostros,
es vano.
Cuando lo hice
saquearon mi hospitalidad
y las dejé
frente al espejo.
Me entrego
al trinar de los pájaros en el naranjo,
a la silla del pórtico viejo,
a la disputa vespertina
de las aves.
No puedo sujetar la palabra
en estas postreras horas;
todo se desvanece
como tardes de humo
en la memoria.
Soy un fuego enterrado
entre auroras.
Ricardo Castillo
De: Cuadernos perdidos (ca. 2022)