Ricardo Castillo.

Nada es mío

No hay raíz
ni fuego
que permanezcan,
solo el instante.

RC

Voy hacia un destino trazado,
arrastrado
por las corrientes del tiempo.

En su cauce encuentro
lo que antes fui,
lo que nunca alcancé,
lo que soy,
sin más.

No hay nada que pueda hacer.
Mi voluntad no es mía,
como todos
creen.

Nada es mío.

No soy dueño siquiera
de esta vestidura de carne hecha jirones,
este camino de sangre que me atraviesa,
este movimiento en retirada
que me aleja
de mí,

de esta boca cerrada
que no encuentra palabras.

Me abandono
a la materia granular:
a la arena y el viento,
disperso en un juego inmortal,

cuchillos de sol,
afilados fríos.

Aunque luche,
no muto un ápice.
Aunque lo intente,
no salvo mi alma.
Aunque lo implore,
no hay redención.

No me salvo de mí,
ni de la agonía de nadie.

Al declinar el día,

soy un fuego enterrado,

en el vasto silencio
de la noche infinita.

Soy
un minúsculo
solitario instante,

que pasa y se olvida:
un grano de sombra
que se desvanece.

Ricardo Castillo

De: Cuadernos perdidos (ca. 2022)

Arte: Tibor Honty, David, 1961.