Ermitaño Soñador

¡TENGO PRISA DE VIVIR!

Hoy me detuve a contar mis años
y descubrí, mirando hacia atrás,
que cada día me queda menos tiempo
del que ya he vivido y dejado atrás.

Menos tiempo para seguir viviendo,
menos caminos por recorrer,
y mientras contemplo mis huellas,
comprendo que aún me queda mucho por hacer.

Me siento como aquel niño
que recibió una bolsa de caramelos;
los primeros los comió con alegría,
sin pensar que algún día serían pocos.

Pero al descubrir que quedaban menos,
comenzó a saborearlos lentamente,
a disfrutar cada dulce en sus labios,
a vivir cada instante plenamente.

Así quiero vivir lo que me queda:
sin desperdiciar ni un solo momento,
saboreando cada instante de la vida,
consciente de que el tiempo se lo lleva el viento.

Ya no tengo tiempo para reuniones infructuosas,
donde se discuten normas y convivencia,
reglas del buen vivir y del mejor vivir,
cuando sabemos que muchas quedan solo en apariencia.

Ya no me queda tiempo para acompañar
a personas absurdas que, pese a su edad,
no han aprendido a crecer por dentro
ni a comprender el valor de la verdad.

Mi tiempo es demasiado corto
para discutir con quien no quiere entender;
ya no quiero desgastarme con los necios,
ni perder lo que aún me queda por vivir y querer.

Quiero llegar directamente a la esencia,
porque mi alma tiene PRISA por vivir;
ya llevo pocos dulces en mi equipaje
y no quiero ninguno desperdiciar ni partir.

Quiero compartir mi camino con gente humanitaria,
con seres generosos, de corazón sincero,
que sepan reírse también de sus propios errores
y no se hinchen por conquistar algún triunfo pasajero.

Personas que sepan valorar su tiempo,
que no huyan jamás de sus responsabilidades,
que comprendan que la grandeza del ser humano
se encuentra en sus actos y no en vanidades.

He sido un defensor del respeto
a la dignidad de cada ser humano,
y quiero caminar por esa misma senda
hasta el último instante que me sea dado.

Quiero permanecer fiel a mis principios:
RECTITUD, VERDAD Y HONESTIDAD,
porque son ellos los que hacen que la vida
tenga sentido, grandeza y dignidad.

Quiero rodearme de personas
que sepan valorar a los demás;
seres a quienes los golpes de la vida
les enseñaron a levantarse una vez más.

Personas que crecieron con sacrificio,
pero sin endurecer su corazón;
que recibieron de la vida duros golpes,
pero conservaron intacta su compasión.

Sí… tengo PRISA, tengo mucha prisa,
una hermosa prisa por VIVIR,
por abrazar lo que aún me pertenece
y no dejar más sueños por cumplir.

Quiero vivir con esa fuerza serena
que solamente la MADUREZ puede dar,
esa que llega después de tantas caídas
y nos enseña a valorar lo esencial de verdad.

Pretendo no malgastar los últimos dulces
que todavía conservo en mi equipaje;
tengo el convencimiento de que son los más exquisitos,
los que merecen disfrutarse durante el viaje.

Son los dulces de la experiencia,
los que saben a verdad y a realidad,
los que fueron endulzados por los años
y madurados con lágrimas y serenidad.

Mi objetivo es llegar al último día
de mi existencia, sereno y en paz,
con las personas que quiero y que estimo,
y, sobre todo, con mi propia conciencia en paz.

Dicen que existen dos grandes etapas
que marcan el camino de nuestra existencia:
la primera comienza con el nacimiento;
la segunda, cuando descubrimos la cercanía de la ausencia.

Es entonces cuando miramos hacia atrás
y deseamos rectificar algún camino,
enmendar errores, sanar viejas heridas
y agradecer cada paso de nuestro destino.

Poco a poco, casi sin darme cuenta,
he llegado a la mitad de este siglo;
y al mirar el tiempo que ha pasado,
comprendo cuánto he aprendido en el camino.

Esta es la segunda parte de mi vida,
quizá la más consciente y verdadera;
ya no quiero correr detrás de tantas cosas,
quiero disfrutar lo que de verdad me llena.

Ya no quiero tiempo para lo innecesario,
ni para aquello que me roba la calma;
quiero quedarme con lo esencial,
con aquello que realmente alimenta el alma.

Porque ahora lo comprendo claramente,
después de tantos caminos recorridos:
¡ahora sí quiero tener tiempo para ser feliz,
antes de que se terminen mis últimos dulces compartidos!

EL ERMITAÑO SOÑADOR