Amo su candor,
la amo tal como es...
Desmaquillada se ve hermosa,
porque no necesita grandes cosas
para demostrar la belleza que posee.
Ella es sencilla,
no presume ni ostenta
la hermosura de mujer que lleva dentro;
como si ignorara que en sus ojos
habita un universo de ternura
y en su sonrisa,
la más sencilla de las bellezas.
Ella siempre ha pintado su mundo de gris,
porque muchas veces se ha sentido sola,
incomprendida,
caminando en silencio
por senderos que nadie quiso comprender.
Vivía encerrada en su propio mundo,
atrapada entre prejuicios
que poco a poco le hicieron olvidar
que tiene alas para volar,
que existen sueños esperando ser conquistados,
y que todavía está a tiempo
de atreverse a pintar su vida de azul.
Ella es sinónimo de pureza,
la máxima expresión de la inocencia,
esa que se refleja dulcemente
en sus labios,
en sus ojos,
en la profundidad de su mirar...
Ella es la princesa
que un día entró en mi vida;
nacida entre las entrañas de la selva,
crecida bajo el misterio de sus montañas,
protegida por el espíritu
de sus dioses ancestrales.
Es heredera de secretos milenarios,
guardiana de una cultura que no muere,
dueña de saberes ancestrales
que el tiempo no ha podido borrar.
Ella es magia...
una magia inesperada
que llegó hasta mis días
para devolverme la esperanza,
para encender nuevamente
la luz que creí apagada,
y regalarme un nuevo motivo para existir.
Ella, a veces controversial,
con su manera tan particular de ser,
ha conseguido arrancarme sonrisas
cuando más necesitaba sonreír.
Y sin prometerme un paraíso,
sin saber cuánto podía cambiar mi vida,
me ha devuelto la esperanza
de volver a construir un camino,
de volver a creer en el amor
y quizás, junto a ella,
atreverme a pintar de azul
los días que alguna vez fueron grises.
EL ERMITAÑO SOÑADOR