Mira, ya asoma la primera estrella,
y yo tengo un deseo:
arrojar al fondo del mar todos los miedos, los tuyos y los míos,
para que nunca más nos encuentren.
RC
Existe un camino augusto
donde el impaciente claudica su marcha,
rodeado de espigas,
lo mismo que de caricias.
Allí encontramos refugio
y compartimos la vida.
En ese cuarto de la esperanza
somos amados
y fundidos en una carne
que confabula actos y miradas
sin pronunciar palabras.
Y nos buscamos
como se buscan los labios,
como acontece el sueño,
y diciembre sucede.
Para encontrarnos con la memoria hecha jirones,
paseando entre los sueños;
para renacer
y repetirnos sobre lo perdido;
para reencontrarnos
en el extraordinario olvido;
y alumbrarnos,
por un instante,
con nuestras almas.