(Versión Urbana)
Sigo...
Caminante urbano,
casquivano y cabizbajo.
Caminante de angostas calles,
campanario
de luces revueltas.
Miradas furtivas,
voces secretas,
y tu imagen:
sabor a menta.
Me anuncia un semáforo:
rojo, alerta;
amarillo, un paso;
y luego el verde
de tu voz
sedienta.
Mis pasos
buscan el eco
de tus huellas
en el asfalto.
La tienda cierra sus ventas.
Leve polizón de dudas,
al compás
de tu repetida ausencia.
Piso adoquines:
compás de vacío.
¡Panfletos sin prebendas!
En cada esquina, un reflejo.
El escaparate:
tu perfil, breve, distorsionado.
Aire de café. Humedad.
Y las calles más desiertas.
En el aroma, el fantasma
de tu aliento.
Evocación de labios:
suaves, frescos,
con hollín de fresa.
Un tropel de pitos.
Y su conductor de orquestas
me rasga el aire
de tu presencia.
Ya nada importa.
Estertor de un cigarro.
En tu éter vago
huyen mis quejas.
Aquí mora el sello
de tus imprentas.
La ciudad:
un mapa sin tu puerta.
En cada cruce,
mi brújula rota gira
hacia el norte de tu nombre.
El amor no tiene dirección fija.
Solo estos pasos que inventan el camino
mientras la noche enciende,
una a una,
las luces de tus respuestas.