Salva Carrión

Al ajimez, la vieja dama asoma

 

Al ajimez, la vieja dama asoma,

sus secos ojos miran el ocaso,

el frío aire roza su rostro craso,

un viejo recuerdo de amor retoma.

 

El sol se despide, con luz herida,

pintando con ocres un cielo hermoso;

las sombras lentas mueren en el foso

que rodea el castillo, agua que olvida.

 

Allá en la campiña, nieva la albura,

cantan las aves un himno pagano

con trinos que son un sollozo vano.

 

Presa en su torre, la hermosa madura,

sufre en la tristeza su amor lejano

pasión gozosa de un romance villano.

 

El tiempo afea su quebrado feudo;

murió el amor y se quedó en adeudo.

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