DE NIÑOS!
Con manitas de chocolate,
ojillos crayón de ensueño,
boquita que roza el viento,
un fiero andaluz, con su chaqueta arcoíris,
se pasea entre aromas de la tarde.
Mientras, la noche desvergonzada
hace malabares sobre montañas de viento.
El perro ladrón de lunas
masculla sueños de siesta.
Boquita de pudín y almíbar
susurra cuentos al cordero,
que con orejas de trapo
escucha el eco
de vacas voladoras.
Tez blanca o morena,
niña soñadora, al despertar
se encuentra una aurora de chistes,
y que una cigüeña añora viajes de ultramar,
como si fuera directora de orquesta
a la que todos quieren escuchar.
«El relato empieza —decía—
en barca de mecedora».
Y ahora, la pipa vieja,
cansada de esquilar silencios,
explota con risas de valentía.
La espada parlanchina discute
con el ancla conquistadora,
mientras el mar se mofa
de los remos que él mismo ahoga.
Profundas, las caracolas.
Delfines de salitre lloran
el hambre que los devora.
Revolotean gaviotas, morando
cardúmenes tristes
que nadan en sueños de ánforas rotas
y escamas que los desvisten.
La luna, crespón de olas,
con ojos tristes y azules,
se pregunta:
«¿Dónde están los poetas
que prometieron hacer de la vida un verso
y solo escriben poemas tristes?».
Tal vez, escondidos en las olas.
Tal vez, en las manitas de chocolate,
aún sueñen versos de aurora.
Racsonando Ando / Oscar Arley noreña Ríos.