En la tiniebla cósmica, en esa zona del espacio interuniversal, a una escala en que los universos semejaban meros puntos de luz difusa desde la distancia, aquel monstruo voraz de apetito insaciable con forma de agujero negro sumamente masivo, supremo y poderoso, abrió sus tenebrosas fauces —unas fauces no ubicadas solo en un lugar, sino alrededor de su cuerpo; una boca circundante, envolvente, con una tremendísima potencia de succión— y engulló de un tirón al Multiverso infinito, transfiriendo a sus nigérrimas entrañas TODO: materia, espacio y tiempo, para después DEVORARSE a sí mismo y terminar, por su propia consunción, en un punto evanescente hasta alcanzar su completa y fatídica extinción.
viernes, 5 de julio de 2024