Tus ojos son espejos.
Yo me asomo
y aparezco distinto.
A veces me pierdo dentro,
como quien busca unas llaves
y encuentra la infancia.
Tu voz
tiene esa costumbre rara
de decirme cosas
que yo no sabía de mí.
En tus manos
soy barro todavía húmedo.
Me arreglas una grieta,
me inventas otra sonrisa,
me dejas secándome al sol
como una vasija feliz.
Y entonces renazco.
Más verdadero.
Más sencillo.
Más mío.
Y también un poco tuyo.
Contigo el tiempo se despista.
Los relojes bostezan.
Las horas se sientan en el suelo
a mirarnos pasar.
Tu risa abre ventanas
donde entra aire nuevo,
y yo vuelvo a encontrarme
como quien regresa a casa
después de una tormenta larga.
Tu pensamiento
es un mar que no hace ruido.
Tus palabras
empujan despacio
la pequeña barca de mis sueños.
Y allí voy,
navegando.
Con mis dudas,
mis ganas de vivir,
mis pedazos de tristeza,
y este amor torpe y luminoso
que insiste en quedarse.