en los casos difíciles acompañar es lo valioso, siendo padre, siendo mamá, siendo hermano, siendo un familiar... esencialmente un amigo, porque no es fácil, asumir realidades tan duras.
de echo no se puede, no hay forma inventada, lo único es hallar fuerza con la fe; entonces, la fe no es algo mágico, es más bien una apuesta interior, de que todo es por algo mayor, y que por ende ese algo debe ser bueno, incluso aunque parezca de momento una catástrofe.
es agotador de todas maneras ya sea pasar o acompañar en cada situación difícil: ruptura, enfermedad, daños emocionales o físicos...
es desesperante en cierto modo.
pero es una oportunidad de grandeza poder superar aquello o el acompañar a quien está en medio de un combate.
estar con esa otra persona te hace a ti mejor persona, aún más hacerlo en lugar de estar cultivando otros intereses.
claro, puedes quejarte, pero el punto es ante quién, ¿ante Dios?
quizás hacer esto sea lo mejor cuando no hay a la vista ninguna salida en medio de la turbación, sin embargo, quejarse no es afrontar nada.
por otro lado, cuando corresponde empezar algo...
no te presiones, y disfruta tal como son las cosas, y no hagas planes por tu cuenta sin que los demás involucrados lo sepan, no te proyectes cuando todo es tan incierto.
no te desesperes... aguarda lo suficiente, sean días, meses o años.
luego, cualquiera que sea la cosa que resulte no importa, es decir, lo que vale es el recorrido no el desenlace.
tras la emoción natural de los primeros momentos cuando se emprende algo, luego se podrá asumir todo de manera objetiva, cualquier interpretación actual de lo venidero no será perdurable.
no importa si al final permanecen las personas o no, sino el acompañarse en este recorrido sin condicionar nada:
eso mismo es lo que nos hace estar en sintonía, el no condicionarse...
y eso mismo, el condicionarse entre las personas es lo que arruina la felicidad, sin embargo, mayormente un emprendimiento es de mutuo acuerdo.
al relacionarnos el amor no se condiciona o no es verdadero amor.
en lo cotidiano, la desesperación es resultado de una ansiedad que la mente propicia, y eso lleva después a la angustia.
no está bien querer avanzar más rápido que el tiempo.
no es sano mentalmente el pretender vivir ya mismo en el futuro, dado que el futuro siempre es incierto, y hasta cierto punto se nos escapa del control, el futuro no está en nuestras manos del todo.
lo que se tiene a la mano es el presente, el ahora, y se desperdicia por pretender irse ya mismo hacia lo posterior.
que el mañana sea como deba ser.
es el hoy que se debe disfrutar.
¿que caso tiene querer adelantar las cosas si no le corresponde el ser ahora aquello que tiene que ser después, o quizás ni siquiera va a ser?
y mientras dura el ahora, ¿no se el presente disfruta por falta de enfoque?
es mejor no darle cabida a la mente que haga de las suyas y se proyecte sin control.
también, el corazón debe ser controlado, ya que siempre es ciego y exige presencias aquí y ahora.
hay que saber dejar ir cuando sea el caso.
el ahora es lo que es, porque sí, o se acepta sin resistirse o se sufre por oponerse a lo que no está en nuestras manos solucionar...
y si acaso sí está en las manos solucionarlo, para qué sufrir inútilmente, mejor es hacer lo que se deba hacer, lo que es posible hacer, hasta donde es posible... sin enfocarse en resultados exagerados, cualquier cosa que resulte y como resulte asumirla con madurez.
así, cuando tengas más tranquilidad asume que de todas maneras las aflicciones pueden volver, y para cuando eso pase, sólo mantén la calma en todo momento.
nada es eterno, ni las aflicciones... paciencia, todo pasa, todo cambia.