no es un coraje contra otra persona.
ese coraje es contra ti.
por lo general el sentimiento contra alguien más es un sentimiento contra uno mismo.
de ahí, que perdonar a alguien más no es lo difícil, sino a uno mismo, eso es lo que cuesta, y es realmente costoso porque el orgullo disfrazado de amor propio reclama venganza en lugar de perdón; porque el orgullo, el ego, no desea morir, y siente que hay una ofensa enorme.
esto nos pasa cuando nuestra autoestima está muy baja, por eso, quien reacciona es nuestro ego, y lo hace, a la defensiva.
perdonar a los demás no es difícil, es más difícil perdonarse uno mismo, y perdonar no es afirmar que uno tuvo culpa, sino, reconciliarse con uno mismo, reconciliarse con Dios para luego reconciliarse con los demás.
perdonarse y perdonar es reconocer que nadie tuvo culpa, ni yo, ni Dios ni las otras personas.
solo las circunstancias de la vida punen a una persona del otro lado; yo pude haber estado en el otro lado, yo pude haber sido el agresor y el otro el agredido.
perdonar es tener responsabilidad.
responsabilidad es reconocer mi parte dentro de todo lo acontecido.
la responsabilidad es descubrir que no existe la culpa, que la culpa es una ilusión del ego herido que busca venganza, y que el ego la disfraza como justicia.
así, que es posible perdonarse, y perdonar reconociendo, experimentado, primero el amor de Dios, que para el no hay culpables y que aún con todo me ama.
¿cómo no perdonar si soy perdonado por Dios-Amor?
perdonar es matar poco a poco al ego que busca venganza y que nos daña quemándonos en el fuego del resentimiento, rencor, odio... que son: fuego vivo, brazas que sólo dañan a quien las tiene.
por nuestro propio bien en mejor perdonar y dejar que el ego se desangre, aunque no deje de insistir este que fue gravemente ofendido y que buscar justicia es primero, porque en realidad es venganza.
la venganza que te hace igual o peor a la otra persona que te agredió.
la verdadera justicia es pagarle a otro precisamente con la moneda contraria a lo que el otro hizo.