en ocasiones se conjuntan las situaciones, las circunstancias que son difíciles de superar, vicisitudes de la vida que nos llevan a la indigencia, es decir, a ese reconocimiento de que estamos solos, completamente solos, que cada uno lo está: la experiencia de la soledad existencial; cuando se descubre que esas palabras de aliento tan solo pueden llegar al tímpano pero más allá en el interior no, que los abrazos que tocan la piel no pueden ir más allá en la profundidad del alma, que en esta última soledad de mi ser no llega nadie.
así, en ocasiones, la ansiedad es por los temores que surgen por descubrirse completamente solo, y entonces se llega a un punto en que se opta o no por creer, en hacer una apuesta ya al borde del abismo y ahí se cree que todo tiene un fundamento mayor, supremo, infinito, inmortal, o se revienta.
en el punto de la soledad existencial aparecen tres vías: el suicidio, la embriaguez (demencia temporal) o la completa demencia, o lo otro, salvarse, uno mismo salvarse, y esta se vuelve una pequeña ventana cuando todas las puertas están cerradas: la de creer, en el Amor, el Padre Amor, y reconocer que todo está en su voluntad, en sus manos que conducen a la creación con perspectiva de eternidad, y entregarse amorosamente a él, descansar en sus manos, con aceptación amorosa aunque doliente, y este no es que sea un camino fácil, mas tres asistentes son los que ayudan a transitar por ésta vía: la paciencia, la perseverancia y la esperanza.
en realidad todos tenemos algo de narcisismo, es decir, todos somos en diferentes grados narcisistas, tenemos es falta de madurez y carencia de sabiduría, la sabiduría de estar por encima de las vicisitudes; un niño es aquel que solo espera, solo recibe, que depende y que no tiene que preocuparse de su protección, lo cierto es que a todos nos cuesta dejar de ser niños inmaduros, y es natural, ya que por sobrevivencia todas las criaturas son egocéntricas, sin embargo, las demás criaturas a diferencia del humano, no sufren por ello, el humano sí, porque fue creado para ser feliz y para ello debe ser libre, y para ser libre no debe vivir con temores ni con ansiedades, angustias, resentimientos, enojos... todos debemos aprender a amar; es fácil amar cuando se hace de modo natural, por afinidad, lo arduo está cuando hay que amar a tipos difíciles, personas insoportables, sin embargo ellos son merecedores de mayor amor, y amarlos aunque sea difícil es un amor de mayor mérito; hay personas en que el grado de narcisismo es mayor, y por ello no son felices, y al no serlo, se conducen haciendo infelices a los demás.
¿qué nos queda?: aprender, ejercitarnos en adquirir madurez y sabiduría para revertir los efectos de lo negativo en algo positivo, de transformar lo malo en lo bueno, de optar por el amor, aunque amar implique un acto de entrega doliente, y confiar en el Padre Amor, ir derrotando el egoísmo en nuestra propia persona, y descubrir la satisfacción de vencerse y probar la verdadera libertad hacia la felicidad, amando.
no es fácil, mas vale la vida.