José Luis Barrientos León

Soledades

 

Una lágrima pensativa desciende,

desde los ojos hasta el latido,

mirando en el horizonte eterno de los mares,

el sexo frio de la soledad,

que busca en la lejanía,

arenas y arroyos para deletrear el amor,

y entrar en el anochecer, desolado y huraño,

suplicante, ante el murmullo ingenuo de los astros.

 

No hay amor en los sueños olvidados,

en las capciosas imágenes,

que se mantienen en la memoria,

con sus artificios de criatura alada,

saciando la sed de caricias olvidadas,

aunque nunca se olvida la primera vez,

el tiempo se marcha para no volver.

 

A veces siento que esa lágrima,

es diluvio que escucho claramente,

caer sobre adoquines, sobre calles,

donde transita mi soledad en opulenta infamia,

vaciando mis brazos,

hasta dejarme en un purgatorio de olvidos,

 en un vacío sin nombre, sin latido.