Juan E. Rôdeur

COMPRENDO QUE / EN SILENCIO Y EN SOLEDAD

comprendo que: a veces arriba la desesperanza, que así, todo parece derrumbarse, y parece que luego sea tan difícil moverse entre los escombros.
no hay otra salida, que la ventana de la fidelidad, a Aquel, quien es Padre Todocariñoso, y es todo en todos, él generalmente es lógico con las leyes del universo que él mismo colocó, y aunque el hijo sufre, él todo permite, mas jamás deja solo al hijo, está siempre con las manos dispuestas para que el hijo dé el gran salto, y es el salto de una apuesta, un salto de fidelidad, de confianza... el hijo arribó dentro del universo inmerso en su tiempo, espacio y materia y sujeto a las leyes que lo rigen, mas intuye que él está hecho de otra cosa, que es un peregrino y su Patria, su hogar, está mas allá del tiempo, el espacio y la materia, que solo en el umbral del paso de la existencia a la vida, es decir, la muerte, podrá poseer su anhelada Patria, por eso jamás cesará su nostalgia mientras esté peregrinando en este suelo extraño.
el hijo arribó en este universo, mas dentro de él hay un pozo infinito, que nada ni nadie en todo el universo podrá llenar; los infinitos finitos jamás podrán llenar ese vacío infinito, solo el infinito mismo lo podrá hacer.
fidelidad, esperanza y amor.

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a veces el llanto se vuelve incontenible...
creo que no es bueno eso de ser fuerte para no llorar.
¿qué es ser débil?
¿fuerte?, solo una coraza, y cargar una coraza no permite respirar, eso es peor...
por eso es mejor fortalecer el espíritu: un interior fuerte es mejor que un exterior acorazado.
todo rebotará en el espíritu, todo resbalará también...
en cambio la coraza asfixia.
el espíritu no es esperar solo en los hombres, sino confiar en Dios, en su Voluntad, no en la propia.
de hecho confiar en el hombre es una maldición:
«maldito el hombre que confía en otro hombre» pero cuando se hace exclusivamente sacando a Dios.
el espíritu se fortalece no esperando nada de los demás sino aceptando la Voluntad del Padre, así se tenga que llorar una y mil veces.
esperar de alguien algo, eso no es amar...
amar es no esperar nada de nadie, sino de Dios, con el compromiso nuestro claro está.
a los hombres, Dios nos los pone solo para amarlos sin esperar nada, ¿por qué?, porque los hombres somos seres imperfectos, no somos más que eso; los hombres somos seres en la miseria, y que por ello se llora, se sufre y se hace sufrir, así decepcionamos a otros y nos decepcionamos, nos cansamos y cansamos a otros...
y así con todo la dureza es muerte del alma.
en realidad es imposible estar completamente bien,  creo que todo se trata de una actitud, no de que se pueda estar sino ser, nunca faltarán infortunios que quedan fuera del alcance de nuestras manos, cosas que no podemos controlar... la actitud ante todo eso es lo mejor que no permite que el alma se marchite, ésto, el alma mustia, es lo más lamentable.
¿decepción de las personas del mundo?, no.
las corazas nada valen...
lo interior se puede adormecer, quizás, pero sigue ahí.
el alma se adormece pero no desaparece:
se atrofia, como que queda inmovilizada, o dormida.
el problema es cuando el frío se vuelve insoportable...
pues el frío no se va cuando de verdad el alma se adormece.
el frío duele.
la fortaleza de verdad no es dureza, ser valiente no es no llorar, ser guerrero no es volverse insensible.
la fortaleza interior es otra cosa más que una coraza...
mas comprendo que el miedo a perder a alguien o algo, por ejemplo a un ser querido cuya vida está en peligro, cuando esto es más fuerte que las fuerzas para pasar por ello, es como una autodefensa, la coraza es como un recurso en el momento, mas toda coraza no deja respirar, mata, lentamente mata... es triste.
los estados de ánimo y el clima son semejantes: a veces lluvioso, a veces soleado, a veces fresco, a veces intenso.
cuando estamos muy tristes cuesta, pero es posible salir... ahuyentar las nubes sombrías y los relámpagos tormentosos.
a veces las sombras nos cubren los ojos de la fe, del alma, y nos sentimos como un gato que lleno de pánico en un cuarto sin salida grita, salta, rasguña y se azota.
a la vida, ¿quién la entiende?
un día es una cosa otro día otra, sin paciencia nos desquiciamos...
no nos queda de otra, que tener paciencia ya que la desesperación es derrotarse.
bueno, no es fácil, es que generalmente a Dios lo transformamos en solo un amuleto, y así no sirve.
Dios no sirve para nada de eso de pedirle favores, aprendimos mal, porque no es así.
hay un punto de nosotros, en el interior, que nadie llega, las palabras solo llegan al tímpano, pero en realidad más allá, nadie puede entrar y ahí estamos solos.
las palabras de consuelo sirven, a veces, de nada o de muy poco...
en ese punto solo llega Dios, no para hacer favores, solo para soltarse, cada uno, en sus manos.
¡ay!, tan complicada que es la existencia...
existir y vivir no es lo mismo, podemos respirar sin vivir...
nos volvemos zombies.
todos, absolutamente todos estamos solos en ese punto último dentro de uno mismo donde no llegan ni familiares ni amigos ni nadie.
eso va a ser lo más duro a la hora de la muerte, cuando yo me esté muriendo nadie podrá entrar a morir conmigo para acompañarme, en esa soledad, es lo más difícil.
lo que más lamentamos perder es nuestra propia vida y el miedo a la muerte es insoportable.
estar de cara a la muerte es la soledad más grande del mundo...
reitero, en estas situaciones se comprueba que las palabras de consuelo sirven de nada o de muy poco.
no llega nadie, porque nadie puede entrar en nuestra soledad... absolutamente nadie, solo Uno está dentro, y ese es Dios.
¿que Dios no está?
esa es la sensación, siempre esa, que no está...
esa es la primera causa de perder la fe.
el mundo de hoy día, vive así, por la sensación de que Dios desapareció... como vapor de agua.
la soledad existencial causa náuseas...
en el vacío la vida misma da asco.
cuando ninguna palabra consuela se descubre la soledad jamás imaginada, donde los abrazos sólo tocan la piel, y nada más.
realmente nadie se ha librado de la pérdida de la fe, ese gran libro llamado Biblia, relata que nadie se ha librado de momentos así...
ni el Hijo mismo en su agonía antes de ser tomado para su muerte.
difícil, sumamente difícil.
nadie más puede estar con uno, en esos momentos de soledad del alma... simplemente porque nadie puede.
así, se hace lo mejor que se puede para inspirar la fe.
morir lentamente en medio del dolor...
nada más difícil, sí que lo es.
tanto que aquello, cualquier cosa que antes parecía difícil es insignificante ante la impotencia, de cara al dolor y la muerte misma.
la angustia es como una lumbre que nos quema por dentro...
existir así ya no es vida, sino que la existencia se vuelve agonía.
al ver que muchas cosas están más allá del alcance de nuestras manos, da una impotencia enorme... luego eso se transforma en frustración, es decir, como una sensación de fracaso insoportable, como el peso aplastante de una inmensa montaña encima que no deja respirar.
no es fácil, creo que si no se recurre a la fe en medio de la dificultad, por ejemplo, es peor la angustia por una enfermedad que la enfermedad misma, lo natural es resistirse a la enfermedad, pero ese resistirse es un desgaste de mucha energía interior, y es eso lo que cansa, y desgasta, tanto, que hasta se desea aventar todo por la borda.
dado que la enfermedad se presenta siempre, los disgustos nunca faltan, los imposibles ya son, los hechos consumados son inalterables... y así los momentos difíciles nunca terminan mientas se respira.
hay que volver a ser niños sanos...
que de los que se vuelven como los niños es el reino de la paz.
volvernos niños sanos es una tarea ardua, pero es posible:
llenos de ternura, de asombro por las cosas bellas...
y eso, estar contentos aunque el mundo esté a punto de derrumbarse, eso es confiar en un Papá Todocariñoso.
siempre que puedas, está bien si te detienes un poco, si interiorizas, es decir, ratos para atender un poco el aspecto de tu espíritu, tu fortaleza, tu control interno...
aunque parezca que no, eso ayuda cuando los momentos se vuelven tan difíciles, y llegamos a esa vivencia de la soledad existencial.
el silencio espiritual engloba todo lo que las palabras no pueden...
por eso en el silencio de la fe se asume la inmensidad, a Dios mismo, de ahí, que la contemplación es en silencio y en soledad.