Pilar Luna

AGUA SALADA

Agua salada

de carrizos y juncos,

cuerpos que flotan

sin borrar las huellas

en los encharcados,

es abrumadora tanta libertad,

se encadena el mundo a sus miserias

y yo siempre olvido la última bala.

Cuando los ojos no sonríen

la felicidad se escapa,

se pierde en la noche.

 

Desde el mirador

la vida se abre camino,

malcarada y malévola,

atentos a la pesadumbre,

clavos grandes de herrero,

guijarros de tres puntas

y alambre con púas;

el agua salada es aire fresco

y cura los pies llagados.

 

No es un guíón para el cine,

los astros juegan al billar,

una buena alineación,

transparente rutina de invierno

para los forasteros amables

que observan, con otro acento,

el lado bueno del mundo.

La mirada, frente a la nada

y al agua salada.