Nan

Veo un mundo extraño.

Veo el lagrimear de la tarde lejana,

arropada por las sedas del crepúsculo,

cual collar de oro, entre rojizas bufandas.

 

Veo el brillo de un sol malhumorado,

hastiado de un muro de nubes que le opacan,

y marchitan las flores espontaneas,

 crecidas en las grietas de las rocas calvas

 

Veo la brisa roer las montañas azuladas,

enroscadas en siluetas de nieblas blancas

que aletean, cantan y danzan.

 

Veo una luna fría, perdida en su soledad,

sumisa, casi inerte en su lento paso,

siguiendo su estrellada senda eternizada,

 

Veo la noche triste, envuelta por el día

veo el día huyéndole a la noche,

como una sufrida venganza.

 

Veo la luz cubrirse de tinieblas

y ahogarse en sus entrañas,

luchando a dentelladas de sus garras.

 

Veo las sombras del infinito tiempo,

merodeando la paz del cielo,

con graznidos pavorosos de lluvias ácidas.

 

Veo la tierra callada bajo un cielo negro

soportando el fuego en los profundos limbos

hasta quedar quemada y agotada,

entre vapores de vientos en la nada