RICARDO V

Te fuiste sin dejar marca

Te fuiste de madrugada

como quien huye y escapa

y te busqué en el secreto,

lleno de dudas y miedos,

y con llanto en la mirada.

 

Más no te hallé en la mañana,

ni en el dorso de mi almohada.

Le pregunté a los recuerdos

que me vinieron y fueron,

pero no dijeron nada.

 

Rememoré tus palabras,

el sentido en que me hablabas,

para encontrar un supuesto

que me dirigiera presto

hacia donde te encontraras.

 

Y fueron visiones blancas

las que me hablaron calladas

del sitio donde te vieron

portando nubes al cuello

de la mano de unas hadas.

 

No sé bien si lo buscabas,

no sé si fuiste engañada,

pero esconderte en el cielo

se convirtió en un misterio

como los fueron las hadas.

 

Y yo robé sus dos alas

a un águila despistada

para alcanzar ese cielo

en un imposible vuelo

por si acaso tú allí estabas.

 

Lo que descubrí clamaba

a la injusticia y la rabia,

porque un ángel mensajero,

lleno de envidia y de celos,

quiso ser dueño de tu alma.

 

Como a mí no me esperaba,

ni escuché quién me llamara,

le pregunté al mensajero

con qué juicio pudo hacerlo

que entendiera y razonara.

 

“El amor es una daga

que te daña y te desangra

a pesar de los esfuerzos

del deber y los deseos

de no hacer mal a la amada”.

 

Me dijo pues que marchara

y que de ti me olvidara,

que era el dueño de tu tiempo,

que ese sería su empeño,

aunque Dios le castigara.

 

Dijo que fuiste arrancada

mientras dormida soñabas

y trocó tu sueño a eterno

desvaneciendo tu cuerpo

sin dejar marca en la cama.

 

Te lloré, y mientras lloraba,

la vida me reclamaba

y mis lágrimas de furia

se convirtieron en lluvia

y volé de nuevo a casa.