Walter Brunini

Poco

Poco

Te soy poco, porque no me puedes poseer;
soy, para el mismo argumento, todo y nada.
Al todo no podrás tener,
y nunca pagarías por la nada.

Te soy poco, y lo sufro.
Quisiera serte útil; de la forma que demandas;
cuando finges entenderme; que de mí te apiadas;
y sé que ni cuenta te das de lo que soy.

Te soy poco, y me lo das a conocer;
porque a ti te parece que de otra forma debiera ser.
¿Cambiar qué? ¿Parecerme a los demás?
Lo bueno ya tiene su lugar y el resto es mediocridad.

Sus mediocres proyectos, sus estúpidos anhelos;
restregarse la cara con un calzoncillo ajeno;
pasarle la lengua al jefe por el trasero,
a cambio de un puesto; un tanto más de dinero.

Te soy poco, porque no tengo precio.
Cierto que estoy equivocado desde el principio,
cuando insisto en que soy distinto, aun así fracasado.
¡Hago mierda, pero es mi mierda! Y a nadie se la he robado.

¡Que se vayan todos al carajo, si por mi fuera!
¿Para qué necesito gente podada plantada en mi vereda?
Podada de sueños; chata, insulsa ¡Ni para sombra sirven!
Verles las ramas secas, me da tristeza. Me da vergüenza.

Esclavos detrás de una posición que nunca les darán;
compitiendo hasta el asco; la cabeza en un frasco,
de vidrio grueso, que les hace ver todo distorsionado.
¡Idiotas! Remándoles el barco a los que disfrutan el bacanal.

Claro que te soy poco; porque te parecen mucho ellos.
Me comparas como si fueran esos nadies mi espejo;
y ni el marco son; ni el clavo en la pared;
porque si algo quiero ser, está muy lejos de parecerlos.

Te soy poco, porque tengo poco; y de lo que esperas, nada.
Persigo utopías como un león al venado por manadas,
soy como la hierba que crece aun mil veces decapitada;
como la tierra que mueves, pero no puedes eliminarla.

Te soy poco, porque no me puedes ver.
Soy la inmensidad que no puedes recorrer, atar ni envolver;
el universo que no comprendes, por mucho que te esfuerces.
Tanto soy, que no valgo nada.