tricahue

Sietecientos doce

A tu persona.

 

Compartimos madrugadas, risas y canciones. Abrí un poco la bóveda de hierro que tengo por corazón, te dejé entrar y habitar, aunque haya sido por un efímero momento, aunque tú no te hayas dado cuenta. No sé si me gustaste o si te quise realmente, quizás tan solo extrañaba la sensación de conocer a alguien, de hablar por llamada hasta dormirnos, de quedarnos hasta tarde viendo vídeos, de recomendarte música y escuchar tus opiniones, de notar como poco a poco el sueño te vencía por la forma de tu voz, de no ser yo el que mandara (siempre) el primer mensaje. Era lindo, idealizado, lejano y de corta duración, claro, pero lindo. Caigo muy fácil cuando detecto que alguien tiene un interés genuino en mi... Y este interés es recíproco. Me ponía contento el pensar (el idealizar) que estaba viviendo el genesis de algo. Sin embargo, me siento ingenuo, ingenuo de haber cedido parte de mí y tener la \"esperanza\" de que algo sucedería entre nosotros, aún cuando sabía que era absurdamente imposible por nuestros contextos y la larga porción de tierra que separa tu presencia de la mía. Fue bonito conocerte y fue bonito que me conocieras. Nunca leerás esto y tampoco sé realmente porqué lo escribo. Creo que hace mucho tiempo no tenía acercamientos con algo parecido al amor romántico. Lo extrañaba, si, Mucho. Así como extraño (y extrañaré) las pequeñas cositas que hacían que tu conversación fuera especial.

 

 

Esto no volverá a ocurrir.

Tricahue.