Albayeros

crepusculo

Estoy muriendo.

No es como tú crees: no sangro ni agonizo tomándome el pecho.

Simplemente ya no tengo paz, ya no siento amor.

¿Y qué peor forma de morir que sabiendo que nadie te amó?

Te sientes solo, ¿verdad?

Yo también.

Solo soy un escritor con un par de trastornos.

Ya al siguiente crepúsculo estaré feliz, felizmente muerto;

ya no sentiré ni dolor.

Soy un desconocido para los lectores,

pues ellos buscan sentirse felices.

Pero soy conocido entre las personas sin dolores de pecho,

las que se toman el alma para no sentir.

Soy conocido entre la gente

que ha de tomarse una cerveza

y sentarse en silencio a pensar,

tal vez en sí mismos

o en algún corcel salvaje

que ha de galopar en las selvas de sus pensamientos,

callando el canto de sus pájaros,

quedándose en un profundo silencio, sin voces.

Aquí no hay un grillo que te aconseje aunque seas un mentiroso,

pero tampoco hay mentiroso que me aconseje por decir la verdad.

No sé si estoy en lo correcto,

no sé si hago el bien o el mal.

Estoy cansado.

Tú también lo estás, lo sé.

En esa copa que dejaste, noble mujer,

o en ese vaso donde dejaste tus penas, noble hombre,

hay una historia.

Ven, brindemos juntos

para que en el siguiente famoso crepúsculo

podamos darnos el merecido funeral

y el descanso que creemos merecer.

Estamos solos.

¿Qué mejor compañía

que la de nosotros mismos?