Carlos Hector Alvarez

Nostalgias

Nostalgia.

\"Juventud, divino tesoro

que te vas para no volver

cuando quiero llorar no lloro

y a veces lloro sin querer\" RD.

 

 

La nostalgia me llevó

hasta mi querido rancho

donde pasaba mis días de ocio

Es de piedras con un patio

grande, hermoso y parquizado

con pinos, álamos, cipreses,

sauces. acacias, olmos y frutales

lo construí hace muchos años

para purificar el aire de mis pulmones

y descansar de la matadora rutina,

en el valle de Las Estancias,

Aconquija, Andalgalá, Catamarca,

rodeado de ríos y de cerros

donde muchas noches soñé

que Dios había instalado allí

su paraíso terrenal.

Es tan bello y apacible el lugar

que, él que tiene la fortuna

de llegar a conocerlo

quiere volver siempre

La suave y deliciosa brisa

acompaña el silencio

sólo alterado por el rozar de las hojas

y el trinar de las aves,

que bailotean a tu alrededor

con alegría y sin temor.

Para llegar a este Edén, hay que transitar

por la Cuesta del Clavillo

con una altura de muchos

metros sobre el nivel del mar,

paso obligado a la vecina Catamarca,

con paisajes nunca vistos,

por una ruta, preñada de curvas,

precipicios peligrosos y algo más,

a la que bautizaron, el Caracol

realidad que imposibilita hoy, subir

a mi bohemio y cansado corazón.

Es un riesgo latente para un anciano

que, como yo, ya pasó de los noventa.

Me jugué, porque eran tantos mis deseos

de recorrer sus lugares,

donde pasé muchas horas

que perduran en mi memoria,

por la felicidad que me dieron.

No encontré a los amigos

que supieron endulzar mis tardes

en agradables partidas de truco,

pregunté por ellos, nadie los recuerda

lo que me hizo pensar, lo ingrata

que suele ser la vida al recordarme

que hoy somos y después, nada.

Pasé, en los pocos días de mi visita

momentos muy felices con recuerdos,

que me hicieron olvidar lo doloroso

de las ausencias tan queridas.

Viví momentos de intensa emoción

al recorrer las sendas por donde paseaba

a mis nietos llevando las riendas

de los caballos que montaban,

el pasar por el lugar donde estaba

una pequeña granja

en la que, muchos amaneceres

tomaba leche fresca, al pie de la vaca

Muchas lágrimas derramé a escondidas

al pensar que no volveré a disfrutar

de éste tan querido y añorado lugar.