Ely.M.

El uno era yo

 

Ya llegará el día
en el que el vaivén de las olas
se llevará mis tristezas.
Y recordaré quizás con melancolía
el tiempo en que te amé.
En el que solía esperar
por tu llegada
a tan altas horas de la madrugada.
La luna y las estrellas me acompañaban,
mi fiel almohada
y una fría cama.
La luna me contemplaba
mientras el mar se hacía presente.
Y tú, tan tranquilamente ausente.
Dabas por sentado
que siempre me tendrías a tu lado.
Soportando todo cuál fiel esclavo.
El amor no es para mí,
eso es lo que entendía.
Era triste verte ir
y partirme el alma
día con día.
Sin remordimiento alguno.
Cuando según seríamos
dos en uno.
Pero el uno era yo.
La que un día te entregó
su corazón lleno de ilusiones
de deseos de amarte para siempre.
Pero tú de inconciente
lo echaste todo a perder.
Me lo hiciste trizas
tan solo con desaparecer.
Parecía una vagabunda,
una limosnera.
Esperando una obra de caridad.
Una mijaga representaba mi felicidad.
Tan solo estaba en espera.
Como esa llamada que llega
pero no es tan importante.
La dejas en segunda parte.
Te volviste un asesino,
de mis ilusiones.
Pusiste en engorda
todos mis temores.
Sacrificaste mi anhelos.
Y me dejaste por los suelos,
y arrojaste a la hoguera
todos mis bellos sueños.
Pero yo te deje hacerlo.
Porque creí que cambiarías.
Porque mantenía sola la llama.
Esa que tu siempre apagabas.
El amor soporta mucho,
pero al igual también se cansa.
Se termina, llega al fin.
Tu me hiciste ir corriendo
tras esa meta.
Y me obligaste ha hacer maletas
para luego partir.
Y empezar un nuevo viaje.
Con mis maletas vacías.
Mi corazón remendado.
Pero sola y sin ti.
Trataré de sanar,
no tengo prisa.
Y pondré una sonrisa
y volveré a amar.
Ya a ti te he perdonado,
por no haberme amado,
como un día imaginé;
por las noches sinsabores,
por pintar de gris mis días que eran de colores.
Por enseñarme donde no era,
donde no es y no será.
Porque deje de ser mía,
para ser tuya.
Donde debíamos ser dos en uno solo.
Pero el uno era sola yo.