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Natalieā€¦

La sublime sensación de su imagen natural,

su rostro sereno… perfecto así,

honesto y generoso,

libre y seguro,

encuadrado sobre el lienzo de la penumbra de su habitación.

 

La ternura de su espontanea reacción,

y la magia que derrocha al mirarme…

con intrigantes chispazos de pasión.

 

Esa indescriptible forma de balancear su cabello…

y acariciarlo con sus dedos…hacen erizar mi piel.

 

Su voz delicada, casi apagada…con tono de quietud…

me envuelve de armonía…

y caigo rendido a su embrujante concierto…

que nutre mis oídos de mansedumbre…

y termina derritiéndome de ilusión.

 

Me dejo asaltar de su aparente ingenuidad

y de esa elocuente dosis de templanza,

de su nobleza y su bondad.

 

Me atrapa…y me entrego,

me ha encarcelado en un inesperado conjuro…

y ahora de su encanto no me puedo escapar.

 

No sé si me explico,

tal vez no me puedan entender,

no sé si esto que me pasa… es lo que llama amor,

pero siento mis palpitaciones a millón…

y mi mente completamente prendida de su atención.

 

Natalie,

la princesa de los años dorados,

de los delirios de adolescente,

de los episodios del pasado… que nunca llegaron a ser,

y se quedaron esperando en la memoria…

petrificados en una cruel resignación.

 

Natalie,

la niña soñada,

la jovencita de hermosos ojos claro marrón,

la mujer de fina estampa…y elegante andar,

la de los más dulces labios de color rojo pasión.

 

Ella es Natalie,

a quien encontré por casualidad…

o por destino quizá,

ella es mi bella Natalie…

la dueña de mi corazón.

 

Ella es Natalie,

la dueña de mi corazón.