Mr. Trasplante

Psicosis

 

 

 

En mis manos reposa tu pena, coyuntura escasa de suspiros,
cegaré tus parpados con cortesía y cuidado a tu blanca pupila,
contemplaré tu expresión agitada, sereno en mi balcón,
no por gloria o duelo, es el consuelo de mi insano placer por verte en silencio.

 

Hermoso el mausoleo donde propagas la calma, 
¡Ah! Mi amante fortuita, anhelaba el postureo de tu vida,
tus vísceras serán como las flores, darán aire a mi locura,
mientras admiro el río de tu linfa caer sobre tu execrable corazón, 
escuchando el silbido travesío del estribo, tan pequeño en mis manos, 
afilado; como tus últimos deseos de lucha sobre mi ser.

 

¡Maldita psicosis! El tiempo no avanza 
¿Será el efecto de la tanatopraxia eterna?
No vislumbran las larvas, moscas y polillas,
su cuerpo sensitivo no marchita, es un remozar, 
la bulla del réquiem ceso, observo mis manos y
y la realidad se distorsiona. 

 

Todo se desvanece, incluida mi moral.
“Dios” que tanto escucha las plegarias, 
¿Cuál es la ceremonia de esta torcedura mental?
Emprendo el pánico de este engaño, mi retina
no recibe luz ¡Te condeno ilusión inestable!

 

Algún día serás el bálsamo de mi rencor a la costumbre, 
simplemente he soñado, triste el desvarío de mi martirio,
vuelvo al presente, no queda opción, esto es Gehena,
exhalo la esclavitud de mi respuesta en el altar, 
expulso el pensamiento liberal de aquel hombre que nunca fui.