cappa

Ventanas y escaleras...

No fue muy fría aquella mañana de invierno cuando me desperté desaforado de mi sueño. Nunca pensé que la ola de pasadillas me alcanzaría incluso cuando descanso de ella. Eran las diez de la mañana de un jueves soleado, muy tarde para alguien que vive del campo; semidesnudo, asustado y muy preocupado me arrastre sofocado por la cama y con el sudor empape las sabanas que hacía tiempo no lavaba. Como podría sentirme así, pensé, después de todo mi vida era una gran pesadilla, soy solo un fracasado agricultor  me decía en mi silencio.  Pero a pesar de todo esa mañana el aire olía de otra manera, era extraño pero no sentía en mi espalda la mochila pesada de todos los días, con un café en la mano me dirigí  al  viejo galpón, necesitaba recoger unas herramientas que usaría mas tarde. Cruce la puerta algo dormido, el sol estaba muy fuerte y el silencio era protagonista. Extrañado seguí caminando y mientras lo hacia descubrí  que mis vecinos habían desaparecido. Nunca me había sentido tan solo y tan bien al mismo tiempo. Nunca en mi vida había escuchado tan claro los latidos de mi corazón. Llegando al galpón me di cuenta de que ya no traía puesta mis botas y peor aún tenía un clavo atravesado en mi dedo gordo, impresionado por la ausencia del dolor pude sacarlo con el mango de la taza y continúe. Deje la taza sobre una roca y comencé a buscar mis herramientas. Hacía dos años de la muerte de mi mujer y quería reparar el tejado como le había prometido. El galpón estaba muy desordenado, pero no tarde mucho en encontrar lo que necesitaba. Cuando decidí salir recordé que me olvidaba lo más importante, la escalera. No estaba dentro del galpón, así que la busque rodeando el mismo hasta la parte trasera. Paralizado solté mis herramientas cuando vi que la escalera sostenía una ventana. Se que suena extraño, pero la escalera sostenía una ventana amurada a una pared de ladrillos que no pertenecía a mi galpón, no pertenecía a este mundo. Estaba exaltado pero mi corazón latía sereno. Estaba asustado pero no tenía miedo. Estaba helado sin tener frío. Mire a mi alrededor y la curiosidad me invito a subir la escalera, me invito a atravesar la ventana, para descubrir por fin que del otro lado me esperaba mi mujer, para descubrir por fin que estaba muerto.