Danny McGee

NOS HEMOS PERDIDO.

NOS HEMOS PERDIDO.

Nos perdimos. En algún punto de la vida nos dejamos de encontrar. Nos volvimos ambiciosos, algo tercos, distraídos. Se fue el amor por hondas y sombrías realidades, se fue a cavar la tumba de quimeras no alcanzadas.

Nos hemos perdido. Nos hemos alejado del mayor de los placeres, de la tarde en nuestros ojos dibujando una mañana, de la parte que abre todo cuando no se tiene nada.
Nos perdimos porque fuimos descalzos por la berma, con la grave y nunca amiga tempestad de algún recuerdo. Nos perdimos en la arena como quien pierde las huellas, como quien no sabe nada y a la vida así se enfrenta.
¿Nos perdimos? Quizás perdiste tú y yo gané un destino, uno que me lleve a mi total y pobre olvido, que logre que supere al gran amor que es mío.
Hoy quiero que mi amor sea tu mayor dolencia, tu herida más profunda, tu error más palpinante. Y no es que yo desee que sufras por mi ausencia, sino para que veas lo que yo sentí al amarte.
Te vas porque deseo que te encuentres con la vida, con la noche más sombría, con el día más nuboso y con esa cobardía que yo vi con mis ojos, sabiendo que la dicha estaba entre nosotros.
No importa lo que digas ni menos lo que pienses: que llegue a ti la vida con eso que te encuentres, que bien sabes que el mundo no está hecho para todos, que hay cierto vagabundo  que llora lo que lloro.
Nos perdimos. Nos hemos extraviado: ya no existe el camino ni aquello transitado.